Ambiente de trabajo seguro.

En Argentina, el 94% de los desplazamientos de mercaderías se realizan por carretera, involucrando el trabajo de más de 500.000 personas. Esta masa laboral está expuesta diariamente a diversos riesgos, que varían de acuerdo a las operaciones que se llevan a cabo en cada una de las partes del proceso de carga, transporte y descarga.

Cuando esos riesgos no son tratados de forma apropiada, pueden derivar en consecuencias graves, como enfermedades profesionales y accidentes laborales. Sin dudas, la prevención es una actividad ineludible para las empresas de transporte de cargas, no solo desde el punto de vista humano, sino también tomando en consideración la rentabilidad. Según la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS), investigaciones a nivel internacional calculan que por cada dólar invertido en prevención de seguridad y salud, el retorno es de más de 2 dólares.

Identificar las amenazas y riesgos inherentes al TAC

Tener en claro cuáles son los riesgos potenciales el primer paso para establecer políticas y procedimientos de trabajo que posibiliten un ambiente de trabajo seguro. El objetivo de estos procedimientos es asegurar la realización de un análisis sistemático de las tareas desarrolladas en el proceso logístico que identifique de forma proactiva los riesgos involucrados y sus impactos sobre la integridad de las personas y bienes de la empresa o terceros.

Riesgos que dificultan un ambiente de trabajo seguro en el transporte de cargas.

Un proceso estándar de evaluación de riesgos sigue estos pasos:

1. Listado y clasificación de las actividades laborales realizadas de forma cotidiana.

Este paso antecede a la evaluación de riesgos, pues es el que permite recopilar la información necesaria para ese trabajo. Consiste en la elaboración de una lista de todas las actividades laborales, en la que debe detallarse toda la información pertinente, como ser su duración, frecuencia, responsables, terceros involucrados, maquinaria y recursos que emplea, servicios y sustancias utilizados en la tarea, etcétera. 

2. Identificación de los peligros potenciales de esas tareas.

¿Existe una fuente que pueda producir daños? ¿Quién puede resultar lesionado? ¿Cómo puede ocurrir el daño? ¿Cuál es su nivel de seriedad? Preguntas similares a estas deben guiar el proceso de identificación de situaciones peligrosas, para luego categorizarlas. 

3. Determinación del riesgo que suponen los peligros relevados.

La cuantificación de la criticidad del riesgo debe determinarse a partir del análisis de su probabilidad de ocurrencia y potencial del daño o consecuencias que posee. Esta determinación debe realizarse utilizando herramientas y métodos pertinentes. 

4. Elaboración de un plan de acción para mitigar los riesgos e implementación actividades de control sistemático.

Como resultado de la evaluación de riesgos debe obtenerse un inventario de acciones a implementar para desarrollar, mantener y mejorar los controles para, de ser posible, eliminar los peligros de forma completa o tratar de disminuirlos al mayor grado posible. Para que sea efectivo, deben definirse KPI´s adecuados, que permitan verificar la efectividad de los controles y encontrar puntos de mejora. 

5. Revisión periódica de la efectividad del proceso vigente.

Como sucede con cualquier sistema basado en el concepto de la mejora continua, está “vivo”, o sea, es un proceso extendido en el tiempo. Las medidas de control no son inamovibles, sino que deben ser revisadas, modificadas y mejoradas cada vez que la realidad lo requiere.

Los mantenimientos periódicos son una de las actividades de control sistemático para conseguir un trabajo seguro.

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