Según un informe publicado por el Ministerio de Energía, en Argentina el transporte de cargas es el segundo responsable de la contaminación del aire, luego de la industria. La contaminación en rutas contribuye a este resultado, que aparece como una consecuencia ineludible derivada de una actividad que, lejos de estar viviendo una tendencia regresiva, está en pleno momento de auge y aumenta su demanda año a año. Pero no todo está perdido. La implementación de procedimientos y estándares de trabajo exitosos contribuye a la disminución de este problema. En este artículo de T-CARGO explicamos algunas buenas prácticas útiles para combatir la contaminación en rutas.

El camión es un modo de transporte con alto consumo de energía. Además, funciona en su gran mayoría con combustibles fósiles, que emiten gases de efecto invernadero (GEI). Esta necesidad operativa no solo genera a las empresas altos costos para mantener en funcionamiento sus flotas, sino que también es responsable de la contaminación en rutas.

En este contexto, lograr eficiencia energética es un beneficio tanto para el empresario como para el medio ambiente. Y a los impactos descritos se suma también la grave afectación a la salud de los seres humanos que produce la contaminación en rutas. Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud, 1.3 millones de personas pierden la vida al año como consecuencia de la contaminación atmosférica urbana. Enfermedades respiratorias, problemas cardíacos y cáncer son otras de las consecuencias que sufre la población que habita zonas con altos niveles de contaminación. Entonces, ¿qué se puede hacer para cambiar este paradigma?

¿Cómo ser eficiente en el transporte de carga y evitar la contaminación en rutas?

La eficiencia energética supone realizar igual nivel de actividad comercial con el menor consumo de energía posible. Las estadísticas que presenta el estudio que citamos al inicio de este artículo son evidentes para ilustrar que la reducción de la contaminación en rutas es un desafío propio del negocio: el transporte automotor de cargas moviliza más del 70% de las cargas en América Latina, cifra que llega al 94% en Argentina.

La reducción de contaminación en rutas es posible si se pone en práctica un plan multifactorial. Los procedimientos de trabajo deben incluir métodos para una buena planificación y gestión de la flota, implementación de estrategias de conducción eficiente e incorporación de tecnología apropiada.

Las siguientes son algunas de las prácticas que fácilmente pueden implementarse para reducir la contaminación en rutas:

Planificar los viajes con vistas a aprovechar al máximo la capacidad del vehículo

Los viajes improductivos generan costos innecesarios, que pueden llegar a desequilibrar el rendimiento de la empresa. Pero, además, son causales de un consumo de energía evitable. Diseñar, implementar y controlar un método de planificación de viajes que permita sacar provecho de cada kilómetro de ruta recorrido es una solución muy efectiva a este problema. La tecnología es aliada para este trabajo. Soluciones como las plataformas de transporte colaborativo ayudan a evitar los fletes negativos, brindando a transportistas y a los dadores de carga a conectarse de forma rápida y segura.

Realizar un mantenimiento enfocado en la prevención

Un correcto funcionamiento de los camiones y sus equipos permite reducir tanto costos de reparación por roturas repentinas como consumo de combustible y fluidos. Por ejemplo, los filtros obstruidos o piezas desgastadas generan un mayor consumo de energía. Lo mismo sucede con los neumáticos si no se mantienen con el nivel de presión de aire recomendada por el fabricante.

Conducir eficientemente

La buena conducción alarga la vida útil de los vehículos y puede contribuir a reducir el consumo de combustible. Los expertos coinciden en relacionar un manejo alternado entre aceleraciones y desaceleraciones como el responsable de contaminación en rutas. En cambio, la conducción a velocidad estable reduce el consumo. También hay que evitar la conducción en ralentí. Si se requiere permanecer parado más de 1 minuto, poner en marcha el motor nuevamente consume menos energía que mantenerlo encendido.

Un último consejo es no superar los límites de velocidad. Según mediciones realizadas en España, si se conduce a 120 km/h se consume un 25% más que haciéndolo a 90 km/h, por lo que, además de contribuir a la seguridad el manejo prudente reduce la contaminación en rutas.

El transporte de carga debe, sin dudas, reevaluar sus procesos en busca de la mejora continua. De las sugerencias que describimos se desprende que este objetivo es posible, gracias a las soluciones que la investigación en nuevas tecnologías está proveyendo al sector.